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Crítica: Piotr Anderszewski y Jaime Martín con la Sinfónica de Castilla y León

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Autor: Agustín Achúcarro
2 de abril de 2025

Crítica de Agustín Achúcarro del concierto protagonizado por Piotr Anderszewski y Jaime Martín con la Sinfónica de Castilla y León

Piotr Anderszewski y Jaime Martín con la Sinfónica de Castilla y León

Liminalis, un hallazgo sinfónico

Por Agustín Achúcarro
Valladolid, 27-III-2025. Auditorio de Valladolid, Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Piotr Anderszewski, piano. Jaime Martín, director. Liminalis de Manuel Martínez Burgos, Concierto para piano y orquesta nº1 en do mayor, op.15 de Beethoven y Sinfonía nº2 en re mayor, op. 73 de Brahms.

   La primera obra del programa, Liminalis, es un encargo de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, estrenada en Valladolid, en febrero del 2023, por un ensemble de siete músicos integrado por instrumentistas de la Filarmónica de Viena y la Sinfónica de Castilla y León. Después, la Orquesta Sinfónica de RTVE pidió su adaptación para un grupo de 18 intérpretes y posteriormente la Sinfónica de Castilla y León solicitó una versión para orquesta sinfónica, que es la que aquí se reseña. El propio compositor, Manuel Martínez, expone claramente lo que pretende con esta partitura, al reseñar en el programa de mano del concierto que «toda obra musical ha de tener dos fuerzas que actúan en sentidos distintos», para añadir a renglón seguido que «una fuerza aporta claridad y la otra distorsiona». Esto subyace en su obra, pero no solamente, pues lo que también puede descollar es una capacidad inmediata para crear un ambiente subyugante, que atrapa al oyente, en el que el efecto de los reguladores, se mueve tanto en el plano general, empieza en un susurro, aumenta su volumen y vuelve a decaer al final, mientras que esa norma, nada estricta, sirve también para pasajes concretos durante toda la obra. La cuerda juega con el sonido y sus armónicos, los metales son utilizados de manera impactante, con efectos como el peso del trombón bajo, y existen solos como el de flauta, realmente inmensos. También destaca la agitación de la parte central, el juego de dinámicas, la mixtura de colores, de crescendos y decrescendos, de acentos, la coloración y la manera en la que se trata la tímbrica. Una suma de sonidos a los que se van añadiendo instrumentos y alturas diferentes, claramente muy pensados, en donde el detalle adquiere gran relevancia, así como la labor de las familias de instrumentos por separado y su mezcla, con resultados tímbricos muy potentes. Jaime Martín, desde la dirección, se acopló perfectamente a la obra y supo dirigirla sin exageraciones ni estridencias, contribuyendo así a una plasmación positiva de Liminalis.

   Después, la Sinfónica abordó el Concierto para piano nº1 de Beethoven con el solista Piotr Anderszewski. La orquesta aquí evitó cualquier protagonismo, dejando casi toda la responsabilidad al pianista, que realizó una versión estética, de un fraseo delicado, salvo evidentes irregularidades. Esto hizo que se incidiera poco en los pasajes orquestales más enérgicos, como el que se escucha antes de que intervenga el piano. En el movimiento segundo, subrayar los pares de clarinetes, el solo de este instrumento y trompas. El solista destacó por una articulación clara. En el movimiento final no existieron grandes contrastes, más bien se mantuvo como protagonista el piano.

Tras una referencia a Juan Sebastián Bach, a cargo del pianista Piotr Anderszewski, como obra fuera de programa, la OSCyL interpretó la Sinfonía nº2 de Brahms. Una versión de oficio, con momentos destacables. El director trató de trasladar efusión a la orquesta, y tras un primer movimiento algo apresurado, lo que no quiere decir que se llevara a un tempo más rápido del debido, llegó un segundo movimiento en el que ese juego entre lo sutil y lo tempestuoso tuvo su momento, así como un notable lirismo, que cambiaron efectivamente violines y trompas, excepcional la participación durante toda la obra del trompa solista José Miguel Asensi. La entrega del director, que pareció tener muy claro lo que deseaba obtener, culminó su labor con un pujante movimiento conclusivo, lleno de pasajes incisivos.

   Un Brahms propio de quien conoce perfectamente la obra, aunque eso no quiera decir que se llegara a explorar en toda su profundidad, en particular, en lo relativo a la sonoridad, la coloración y las numerosas melodías que surgen. 

Foto: OSCyL

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