
Crítica de Óscar del Saz del concierto protagonizado por Michael Volle y Gabriela Scherer en el Teatro Real de Madrid, bajo la dirección de Gustavo Gimeno
Conciertos vocales de tiempo limitado
Por Óscar del Saz | @oskargs
Madrid. Teatro Real. 29-III-2025. Concierto de Michael Volle y Gabriela Scherer. Obras de Richard Wagner (1813-1883) y Richard Strauss (1864-1949). Michael Volle (barítono), Gabriela Scherer (soprano). Orquesta Titular del Teatro Real. Dirección musical, Gustavo Gimeno.
«Construir amor sobre el desengaño» fue el hilo temático que los cantantes, el alemán Michael Volle (1960) y la suiza Gabriela Scherer (1981), debutantes en el Teatro Real, dispusieron para el concierto que nos ocupa y que giró en torno a los personajes principales en su cuerda de las óperas «Der fliegende Holländer (El holandés errante)» [el Holandés, Senta], «Tannhäusser» [Wolfram von Eschenbach, Elisabeth] y «Arabella» [Mandryka, Arabella]. A la batuta, el director valenciano Gustavo Gimeno (1976), que asumirá la dirección musical de este Teatro en la temporada que viene (25-26), y cuyo debut se produjo en 2012 como asistente de Mariss Jansons en el Concertgebouw.
Desgranando la temática mencionada, en los dos primeros títulos, el desengaño proviene -en el Holandés- de la maldición y de su búsqueda desesperada de la redención, así como -en Tannhäuser- por su amor no correspondido (Elisabeth ama en realidad a Tannhäuser). En «Arabella», Mandryka experimenta el desengaño cuando duda de la fidelidad de Arabella, pero esas pruebas y obstáculos entre ambos les ayudan a fortalecer su amor.
La principal desventaja del concierto no fue que faltara o que fallara el hilo conductor, sino su duración intrínseca, demasiado corta: 1 hora y 45 minutos, a los que hubo que descontar casi 30 minutos de pausa y la duración de las partes sólo orquestales: la obertura de «El holandés errante» y el preludio del acto III de «Tannhäusser», de duraciones no despreciables frente a la duración total del concierto.
En la obertura faltó reflejar una tempestad más descarnada o, incluso, «salvaje», aunque se percibió cuidado de la transparencia. Bien la precisión de las cuerdas, los vientos y los metales, tanto en los pasajes de tensión como en los más líricos y, aunque hubo cohesión, encontramos ciertas carencias en la expresión y actitud emocional del conjunto. En el preludio del acto III, que es un simple enlace para dar paso a la escena, destacaron los magníficos temples de toda la sección de metales. La gestualidad de Gimeno fue, en general, abierta, energizante, clara y concisa.
Como se ha comentado, la parte -en tiempo- correspondiente a los cantantes quedó francamente desbalanceada respecto del total y pasamos a desglosarla. En «Die Frist ist um [El tiempo ha expirado]», Volle, aun con una voz ya un tanto desgastada, demostró su amplio rango vocal, si bien echamos en falta una mayor profundidad y solidez en el registro más grave -que ha de ser cercano al de un bajo-, aunque fue convincente al transmitir el tormento y la desesperación del personaje -debe vagar eternamente- y utilizó de forma primorosa su paleta dinámica y dominio del fraseo para expresar su conflicto interno y dar margen a la esperanza. Los agudos tuvieron la potencia adecuada, pero fueron lanzados siempre con una emisión bastante abierta.
«Wie aus der Ferne… [Como desde lejos, de tiempos ya pasados]» da paso al primer encuentro entre el Holandés y Senta y cómo ella decide ayudarle una vez conoce su historia. En esta parte, pudimos comprobar lo bien que empastaron las voces de Volle y Scherer -la de él ya mermada en el agudo, omitió uno de ellos-, ambas muy capaces para la matización y el canto en piano conjuntos, ingredientes imprescindibles para la construcción sinérgica del enamoramiento.
De «Tannhäusser» se acometió, como primera pieza en la segunda parte, «Wohl wusst ich hier [Bien sabía yo aquí]», donde Wolfram se encuentra con Elizabeth, que está rezando fervientemente por el regreso de Tannhäuser. Aquí comprobamos las hechuras de la voz de Scherer, a caballo entre lo lírico y lo dramático, una ‘jugendlich-dramatische’, con ricos matices y colores, bien construida de abajo a arriba, con facilidades para el empuje y el lirismo y unos agudos bien colocados. Quizá por dicha facilidad, la escena quedó un tanto descompensada, ya que ella se mantuvo un tanto hierática frente a él que sí demostró algo más de juego dramático.
De igual forma, en «Allmächt’ge Jungfrau [Vírgen todopoderosa]», Elisabeth reza a la Vírgen pidiéndola que sea llevada al cielo si Tannhäuser no regresa, mostrando para ello Scherer un canto más desesperado para reflejar esta situación, en la que abundó el dominio del rango dinámico, pero corta expresión emocional, aquella que se dice del «cantante que no comunica».
Finalmente, en «Wie Todesahnung... O du mein holder Abendstern [Como una premonición de la muerte... Oh tú, mi querida estrella de la tarde]» Wolfram pide a la estrella -en realidad, a Venus, lucero vespertino- que guíe a Elisabeth al cielo. Siendo una de las arias más bellas y delicadas del repertorio wagneriano, lamentablemente el estado vocal de Volle en ese momento del concierto se encontró demasiado desgastada para utilizar el «terciopelo» necesario.
En cuanto a «Arabella», en «Sie gibt mir keinen Blick [Ella no me concede ni una mirada]», ella se siente ignorada y decepcionada por Mandryka, escena que fue expresada de forma un tanto plana por Scherer. Después, en «Das war sehr gut [Eso fue muy bueno]», Mandryka estima que la situación está cambiando y muestra satisfacción por ello.
En este caso, Volle realizó un buen trabajo introspectivo, aun con la compleja orquestación de Strauss. Finalmente, en «Dann aber, wie ich Sie gespürt hab hier im Finstern [Pero entonces, cómo la sentí aquí, en la oscuridad]» Mandryca recuerda algún momento de conexión con Arabella, así como comprensión mutua, algo que resultó retratado de forma muy significativa por la pareja Volle-Scherer en su dúo de amor.
El concierto, al parecer -y por las grandes tandas de aplausos- sí que fue muy del gusto del respetable que llenaba al completo el Teatro Real, con repetidos aplausos y saludos a todos los intervinientes. Sí que da gusto comprobar que hubiera tanto interés por este tipo de repertorios y por el conocimiento de figuras de tanto relumbrón y calidad como Michael Volle y Gabriela Scherer, algo más alejados del gran público que otras más mediáticas y que están en boca de todos.
Creemos firmemente que tanto los repertorios de Wagner como Strauss -si no se quieren ofrecer óperas completas- se pueden administrar en los conciertos de forma dosificada al respetable -como es el caso- , aunque a nuestro parecer estas dosis se quedaran cortas en la velada que nos ocupa -poco más de 1 hora de canto en total-, y nos hubiera gustado que se pudiera haber incluido algún otro extracto alrededor de este tipo de repertorios.
Fotos: Javier del Real / Teatro Real