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Crítica: El Cuarteto Quiroga y Javier Perianes clausuran el ciclo «Liceo de Cámara XXI» del CNDM

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Autor: David Santana
14 de junio de 2024

Último concierto de la temporada en el ciclo de cámara del Centro Nacional de Difusión Musical, en una fusión del cuarteto y el pianista españoles con obras de Beethoven, Brahms y García-Tomás

Cuarteto Quiroga, Javier Perianes, CNDM, Liceo de Cámara XXI

Una clausura sobria

Por David Santana | @DSantanaHL
Madrid, 10-VI-2024, Auditorio Nacional de Música. Liceo de Cámara XXI, CNDM. Cuarteto de cuerda n.º 16, op. 135 de L. van Beethoven; À plein, de R. García-Tomás; Quinteto para piano y cuerda en fa menor, op. 34 de J. Brahms. Cuarteto Quiroga: Aitor Hevia y Cibrán Sierra [violines], Josep Puchades [viola], Helena Poggio [violonchelo]; Javier Perianes [piano].

   Cierra la temporada 2023/2024 del Liceo de Cámara XXI del Centro Nacional de Difusión Musical el grupo residente de este año: el Cuarteto Quiroga. El cuarteto de cuerda ha tenido la oportunidad de celebrar durante esta temporada su vigésimo aniversario sobre los escenarios, tal y como se encargó de recordarnos Cibrán Sierra, a quien nos alegramos de ver recuperado y con su habitual garbo sobre el escenario.

   Llega el verano y, quizás en un impulso residual de nuestra etapa estudiantil, sentimos la necesidad de escribir un punto y seguido. Los músicos siguen trabajando, pero fuera de sus sedes, en lugares más propicios de la temporada estival como Granada, Salzburgo, Verona o Lucerna. Se cambia de aires y de rutina y, cada año, celebramos que la temporada se acaba para que pueda renacer entre nuevos festejos el otoño próximo en un constante y repetitivo ciclo litúrgico-musical.

   No es una crítica, sino una observación. Yo soy de los que piensan que las tradiciones son bonitas y nunca está de más revestir de un poco más de prestigio un evento cultural. Sin embargo, en este caso ocurre que el programa de este concierto se diseñó para ser interpretado el pasado 25 de abril y, en cierto modo, faltó de la pomposidad que un final de temporada debe tener.

   Al inicio del concierto, destacaron los del Quiroga, precisamente, por lo contrario. Me pareció muy curiosa la propuesta que hicieron para el Allegretto del cuarteto de Beethoven: un sonido pequeño y recogido, con timbres claros y un aura íntima. Más jovial fue el Vivace, con una gran riqueza en cuanto a dinámicas, pero sin ningún tipo de exceso o más sobresalto del indicado en la partitura. El Lento fue de un perfecto equilibrio, destacando el vibrato del violonchelo de Helena Poggio. Correcto en cuanto a intensidad y contrastes el cuarto movimiento. En este, Beethoven usa una melodía pegadiza como excusa para jugar con las texturas y los timbres del cuarteto, preludiando, de algún modo, la obra que la sigue.

   À plein de Raquel García-Tomás fue estrenada el año pasado. En ésta, la excusa para explorar los distintos timbres y texturas que nos ofrece el cuarteto de cuerda es la elasticidad y fluctuación del tempo, según nos indicó el propio Cibrán Sierra antes de interpretar la pieza. García-Tomás logra sonoridades muy interesantes que explotan al máximo las cualidades interpretativas de los integrantes del Cuarteto Quiroga. Sin embargo, todo lo bien que la obra está escrita para el instrumento que la toca está de mal compuesta para el que la recibe: el cerebro humano. Es una obra difícil de seguir, en la que lo normal es desconectar. Tampoco es que sea una propuesta rompedora, teniendo en cuenta que ese juego entre ritmos dinámicos y estáticos lo propuso ya Ligeti hace sesenta años. Las comparaciones son odiosas, pero si durante el periodo clásico hubiéramos tenido un progreso estilístico similar al actual, el opus 135 de Beethoven hubiera sido una sonata da chiesa en lugar de un cuarteto.

Cuarteto Quiroga, CNDM, Liceo de Cámara XXI

   En la segunda parte, el pianista Javier Perianes se sumó al cuarteto. Una colaboración que ya hemos podido escuchar en otras ocasiones y siempre con bastante éxito. El Quinteto de Brahms nos brinda la oportunidad de escuchar desde distintas perspectivas esta formación algo más peculiar. En el Allegro non troppo el piano compite en un mano a mano con el cuarteto en potencia. Aquí estuvo Perianes excelente en cuanto al peso de su fraseo. En los movimientos intermedios se busca una mayor cohesión entre los distintos integrantes del quinteto. En el Andante los graves impulsan al piano primero y después lo hacen los violines, consiguiendo un sonido de mixtura muy equilibrado. En el Scherzo, los timbres se integran desde el pulso que marcan los pizzicati del violonchelo, aumentando progresivamente las dinámicas hasta llegar a las partes más intensas llenas de esa fuerza y arrojo que caracterizan al Cuarteto Quiroga y que tan bien representa de forma visual Sierra saltando sobre su asiento.

   El Finale recopila todo lo anterior, por lo que no volveré a mencionar las bondades de la agrupación para adaptarse a las texturas que el compositor propone. Sí que debo hacer, sin embargo, mención especial al final, ejecutado con intensidad y decisión tanto por parte tanto del cuarteto como del piano, y que desembocó en una sonora ovación.

   El público pedía una propina, algo habitual en las clausuras, pero no la hubo.

   La calidad del sonido fue excelente, pero el resultado del concierto un tanto sobrio, cualidad que es adecuada para muchos conciertos, pero no para los finales de temporada. Tampoco es que haya nada escrito sobre ese tema y, al final no deja de ser una formalidad. Ni yo mismo termino de convencerme de si hicieron bien o mal.

Fotografías: Elvira Megías/CNDM.

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